martes, 11 de diciembre de 2007

EDICIÓN DE CUENTOS CORTOS

Un fin

Desde un principio sabía que iba a ser una iluminada y como tal fue su educación. Sólo inspiraba respeto, ni siquiera sus semejantes la tocaban. Su vida fue una eterna preparación para el gran momento, aquel en el que se revelaría la magia de su existencia.
Al fin, cuando los supremos la escogieron, todos sintieron gran alegría y orgullo y, a pesar de que perdió la cabeza, sus compañeros de brega estaban felices. La cerilla había dado lo mejor de sí.

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Maravilla instantánea

Cuando lo vi por primera vez pensé en voz alta: es un genio. Qué sutil encanto tiene para unir familias, arrancarles una sonrisa, generar afectos, provocar abrazos entre quienes ni se hablan, ¿Será un elegido o un psicólogo; recreacionista o asesor de parejas?."No, no es nada de eso -me dijo alguien que pasaba- desde hace 30 años hace lo mismo todos los domingos en el atrio de la iglesia". Me quedé mirándolo y el resplandor de su viejo flash fue la señal que espantó la magia y todo volvió a ser color seriedad, cotidianidad... o algo así.
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El mito
El conciliábulo divino sentenció: los hombres son felices, necesitan otro Dios.

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Señalado
Creo que ya no soy el de antes. Haciendo un balance de mi vida, ya sé ir a mi casa, pasar la calle, saludo, no me tienen que mandar a dormir. Lástima que haya perdido las tardes de lujuria, pero al menos estoy dedicado a una buena acción. No todo el mundo puede decir que es el perro del ciego.

CITA DE SEIS

Hoy estoy medio romanticón y les quiero compartir este cuentico que escribí hace algún tiempo. Espero les gusto, sober todo a ellas.

Ella, con una mano sostenía el pan francés envuelto en la bolsa de papel café que acababa de comprar. Su manito de niña buena no le daba toda la vuelta al pan y, entonces, tomaba el mandado por una esquina de la bolsa. Él tenía un muro con una mano, mientras que con la otra jugaba a buscar algo en el bolsillo del jean o simplemente a guardarla porque le sobraba.
Cuando se vieron, ella ni siquiera tuvo tiempo de pensar en que él la hubiera encontrado con el uniforme del "cole" -al medio día divagó sobre eso y le aterrorizó la idea de que la viera así-. Tampoco le importaba que estuviera con el cabello partido por la mitad, como sólo lo usaba en clase para darse cierto toque de nerd.
Sus esfuerzos terrenales estaban centrados en controlar la risa nerviosa que le causaban las estrellas que de tanto ver, se le habían anidado en la barriga y le comían los dulces del recreo.
Él tenía sus ínfulas de seguridad para que ella no notara el miedo que cualquiera hubiera adivinado por el movimiento de las manos, la intranquilidad de las piernas y esa risa de músculos tensos.
Ella estaba con el cuerpo 10 centímetros sobre la calle (era el andén), pero su pensamiento estaba mucho más alto, se había disparado hasta el quinto cielo; él, sin ser muy consciente de la situación, acercó la cara lo suficiente como para comprobar que el magnetismo no sólo pertenece a los imanes.
De todas maneras, ella se empinaba porque era más baja que él. Sentía como si la ceguera la hubiera acompañado toda la vida y no le importaba, para esa nueva sensación no necesitaba ojos.
Alguien que pasaba, rió al ver aquella escena: él, teniendo un muro, con el cuello arqueado, un hombro recogido, un brazo que parecía varilla por lo rígido y que finalizaba con la mano en el bolsillo. La punta de un tenis encima del otro, las piernas las tenía cruzadas y de cuando en cuando las estrechaba aún más como para presionar algo que molestaba.
Los tendones de la pantorrilla de ella no daban más por lo empinada que estaba. Presionaba una mano contra su pecho, como tapando el lugar de un botón perdido y en la otra cargaba el pan con desgreño.
El mundo para ella iba y venía, y todo era color oscuro o transparente, en fin, nada especificado, sin textura, sin reparar en detalles. No recordaba que tenía oídos ni manos para tocar. Hasta ese momento tampoco sabía que pudiera probar otros sabores.
Él, que se había encargado de contar las tres últimas horas, minuto a minuto pensando en el momento, que antes y durante esas tres horas había fantaseado tanto, en ese momento conoció del amor por boca ajena.
Cuando le quitaron la pausa a la vida ella tenía la respiración como en las mañanas en que llegaba tarde a clases y la cara la sentía hirviendo, como cuando la "profe" la pillaba hablando. No sabía si decirle "lindo", "papito", "quiero vivir toda la vida pegada a ti", "después de esto para qué sueños". Fueron tantas ideas que causaron el más tierno silencio y, entonces, en sus ojos aparecieron todos los lenguajes, todas las palabras. Fue la forma más sincera de expresarse, nunca antes usada.
A todas estas, él jugueteaba con el caucho azul que recogía su melena de neohippie. Esos ojos dijeron más que todas las preguntas que él tenía. Tampoco supo muy bien qué decir con esa voz llena de gallitos: si darle las gracias, acariciarle el cabello castaño que se le salía de atrás de las orejas tapándole la cara, tomarle la mano o por lo menos quitar la suya del muro. Fueron tantas opciones que nada más atinó a decir un lacónico "chaao".
Ella siguió su camino a casa; él tomó cualquiera.
Les bastaron tres pasos para saber que de ahí en adelante y a esa misma hora, un simple pan sería la excusa que los uniría cada día después de las seis.

miércoles, 5 de diciembre de 2007

COMO ES TU HOMBRE?

LOS HOMBRES SON ...
COMO EL CAFE...
Los mejores son ricos, calientes, con cuerpo y te mantienen despierta toda la noche.
COMO EL CEMENTO...
Despues de esparcidos.. tardan un buen rato en ponerse duros..
COMO EL CHOCOLATE...
Dulces, suaves.. y generalmente se van directo a tus caderas.
COMO LAS BATIDORAS...
Crees necesitar uno pero no sabes realmente para que..
COMO LAS HIELERAS...
Llenalos de cerveza y los podrás llevar a donde tu quieras..
COMO LAS COPIADORAS...
Solo sirven para reproducir...
COMO LAS PINZAS PARA EL PELO...
Siempre estan calientes y enredados en tu cabello..
COMO LOS ZAPATOS DE TACON...
Una vez que le has tomado la medida.. son faciles de pisar..
COMO LOS HOROSCOPOS...
Siempre te dicen que debes hacer y generalmente estan equivocados.
COMO LA PESTAÑINA...
Corren a la primer lagrima.
COMO LAS MINIFALDAS...
Si no tienes cuidado.. se te suben por las piernas.
COMO LOS LUGARES PARA ESTACIONARSE...
Los buenos ya estan ocupados y los que quedan son minusvalidos o son
demasiado pequeños.
COMO EL CLIMA...
Nada se puede hacer para cambiarlo.
COMO LAS CRISPETAS...
Te satisfacen pero solo por un ratito.
COMO TORMENTAS DE NIEVE... Nunca sabes cuándo se viene, cuántos centímetros tendrá y cuánto puede durar.
COMO CARROS USADOS...
Faciles de obtener, baratos y nada confiables.
COMO VACACIONES...

Nunca son lo suficientemente largos.

CHISTE

Una monja y un cura atravesaban el desierto del Sahara montados en un camello. Luego de algunos largos días de viaje, el camello cae
muerto. El cura, notando que ninguno de los dos iba a salir vivo del desierto se aventura a decirle a la monja:


* Hermana, yo nunca le he visto los senos a una mujer, podría usted mostrármelos??
La monja accede y se los muestra.
* Los puedo tocar??, le pide el cura.
Y nuevamente la monja accede.
Entonces dice la monja:
* Hermano, yo nunca le he visto el pene a un hombre, me lo podría mostrar?
A lo que el cura inmediatamente accede.
* Lo puedo tocar también??
* Por supuesto hermana, responde el cura.
Luego de tocarlo un rato, la monja nota una fuerte erección, a lo que el cura dice:
* Sabe hermana, si yo lo pongo en el sitio adecuado, puedo crear vida...
A lo que la monja contesta:
* Entonces métaselo por el culo al camello, y vámonos de aquí.

EL "ANIMADOR (O DESANIMADOR) DE DISCOTECA

Menos mal que mi infancia nunca pasó por las manos de un recreacionista de piñata, de esos que pintan solecitos y maripositas a los niños, que los ponen a saltar, a gritar y hasta a pelear con bombas pegadas en las nalgas.
Me siento afortunado porque cuando yo estaba chiquito eso no se había inventado, pero resulta que crecí, que la cosa cambió y los que se cansaron de las rebotadas de los muchachitos porque a las fiestas que iban eran las mismas bobadas, pasaron a trabajar en las discotecas. Y ya nada fue lo mismo.
No cabe duda que en la Oficina de Manuales Tontos (OFIMAT) para cualquier oficio, allí encontrarán el manual del animador de discoteca. Lo primero es que debe ser un tipo con “actitud”, que se cree más lindo de lo que es, más animado de lo que es y hasta seguramente es más bobo de lo que es.
Ya teniendo esto, basta con aprenderse las cuatro frases que tiene el manual, a saber: “¿Dónde están las mujeres?”, “¿dónde están las mujeres que vinieron solas?”, “¿dónde están los hinchas de Nacional, los del Medellín, los del Atalanta? (de acuerdo a la ciudad)” y “¿Quiénes se quieren ganar trago gratis?”. Con esas cuatro pendejadas, gritándolas en promedio cada cuarto de hora ya se ganó los 100.000 pesos que le dan por de la noche. Si a eso lo suma más “actitud” todavía y comienza a cautivar con su bailado, ahí la saca de estadio y nos saca a más de uno de la disco.
¿Quién dijo que uno necesitaba que le dijeran cómo hay que rumbear?, ¿Quién dijo que uno requiere que le recuerden de qué equipo es?, son cosas que se tienen muy claras y definidas en la vida como para que se las vengan a refregar una y otra vez. Uno apaga la radio porque no se aguanta a los gritones diciéndole qué emisora es la mejor y luego vienen estos personajes a preguntar por las viejas más buenas o los tipos que van solos.
Y eso sin contar cuando se empeliculan y para entregar media de ron o guaro, ponen a las pobres muchachas a realizar más vueltas que pensionado del Seguro. Que el bailao, que mueva la cadera, que baje hasta el suelo y hasta que comience a mostrar más de lo que sus diminutas camiseticas tapan.
A estos pobres muchachos se les abona la voluntad, las ganas de trabajar y todo, pero deberían estar en vía de extinción, simplemente son inaguantables.
Un flaco de estos una vez se creía tan pinta que comenzó a abrirse la camisa y a mostrar su pecho’e lata. Menos mal que las risas las tapaba el reggeatón estruendoso, porque si no, seguramente se habría afectado su autoestima.
Otro, yo no sé que le dio y se creyó una arrogante estrella de rock, subió a la barra, comenzó a baila y de un momento a otro se abalanzó sobre el público, seguro de que lo recibirían en brazos, pues su sorpresa fue gigante, cuando se dio cuenta que en a la discoteca había ido la reencarnación de Moisés, pues apenas se lanzó, el mar de gente se fue abriendo y un hueco oscuro y helado y muy, muy duro lo recibió, era el suelo y allí fue a dar. El pobre salió con un chichón el macho en la frente y como niño chiquito diciendo: “no voy a llorar, no voy a llorar”. Gajes del oficio al fin y al cabo. Qué pesar.
En fin, así es el mundo de estos animadores de verbenas, que muy seguramente hicieron sus primeros pinitos con los primos y los vecinos en sus fiestitas de garaje, cuando todavía había garajes en donde bailar.
Hoy ostentan una celebridad que sólo se la creen ellos y el dueño de la discoteca que les paga y que cree que llevan público, claro que mientras sigan existiendo las muchachitas gritonas estos tipos seguirán haciendo de las suyas sobre las barras de las disco y con un micrófono en la mano. Pero ese es tema de otra conversación: ellas enrumbadas.

sábado, 1 de diciembre de 2007

LAS MAS ESPECTACULARES FOTOS TODADAS POR EL HUBBLE
















Enlace con la página http://hubblesite.org/gallery/ vale la pena darse el tour
















LAS BOBADAS DEL TURCO

Bien decía el sabio filósofo que la idiotez humana no tiene límites y eso bien se puede comprobar cuando usted entra a un turco, ese baño mal llamado por los paisas sauna (y de uno a otro es mucha la direferencia). En la entrada no hay un manual de posiciones ni actividades para realizar, pero como que entre generaciones se han transmitido una serie de bobadas para que la entrada en calor realmente le “obre”.
El primer personaje que uno se encuentra en el turco es un viejito que pareciera que viene con el turco, porque siempre encontrará uno a cada turco que vaya. Este señor tiene la particularidad de creer que a punta de eucalipto y vapor se le estira la piel o suda el reumatismo que tiene o expulsa el dolor de espalda que lo tiene muerto.
En segundo lugar, está el deportista frustrado. Es el señor cuarentón con la barriga haciéndole sombra a su mejor amigo, al que pareciera que el técnico lo mandó a calentar cinco minutos antes del partido. Este personaje estresa tenerlo al lado en este pequeño espacio, pues él salta, corre, respira duro. Uno hasta llega a pensar que es un fundamentalista religioso que se está llenando de ira santa a punta de vapor non sancto. Él no se haya en el lugar, como que le tiene pereza al encierro y corre de aquí para allá, como si afuera no pudiera hacer lo mismo y con más espacio… ¿O será que por su físico le da pena salir a la calle a correr y como los bandidos, aprovecha la penumbra y la niebla para hacer sus cosas?
El otro personaje es el frotador. El frotador es una derivación del anterior, este señor ya corrió, ya lleva cinco minutos en el turco y como si fuera un gato, comienza a acicalarse, afortunadamente no con la lengua sino con sus manos. Es como si nunca hubiera sudado y se frota las manos, los pies, la cara, tal vez recordando esa vieja enseñanza para adolescentes, según la cual el turco quita las impurezas de la piel. El frotador también respira duro, bueno, como para que le entre ese vapor caliente a los pulmones y le ayude con la nicotina que en la noche se estará chupando.
En la lista no puede faltar el espiritual, que es el señor que entra al turco y de una vez queda en transe. Se acuesta cuan ancho es en una de las graderías, cierra los ojos y nada ni nadie lo perturba. Él se queda muy quietito y a la media hora, como faraón resucitado, se levanta y sale muy tieso, sudado y muy majo.
Eso sí, nunca busquen niñas lindas en el turco que allí están son las señoras que los hijos dejan en el club para que maten el tiempo, el adulto mayor y los muchachitos que por novedad se meten a ver qué es lo que su abuelito hace en esa misteriosa cámara con olor a saumerio.
Las mamacitas muy seguramente las va a encontrar unos metros más allá tomando el sol, entregadas a los encantos de la cercanía a la piscina, porque en la piscina está el papá que se mete feliz a nadar con su niño de cinco años o el papá infeliz con ganas de salirse y de endosarle a la mamá al muchachito de cinco años.
En el turco tampoco puede faltar alguien con gripa, que va allí a sudarla, un señora a la que le duelen los huesos, un adolescente que efectivamente cree que ese es su remedio contra las espinillas y un par de personas que son la banda sonora del lugar, que hablan y hablan como su estuvieran en la sala de la casa y a uno, pobre parroquiano, le toca aguantarse todo el rollo, pues no hay nada más que oír.
El turco es el sitio donde más tonterías humanas se ven por metro cuadrado, cada uno busca un remedio diferente a su mal y por tanto un procedimiento distinto. No le falta sino un animador de discoteca, de esos que dice cómo se tiene que divertir uno para pasar bueno, como si uno no supiera.